Relatos de buró

Como todos los seres humanos, me uní a un amante bien parecido que llenó de gracia mis propios espacios en blanco, dejando partes de mi voluntad en suspiros y abrazos... ¿En qué momento llegan a adquirir dos amantes la más completa posesión de sí mismos, sino en aquel en que se proclaman perdidos el uno en el otro?

lunes, 12 de septiembre de 2016

Orgasmos de oficina (Parte I)

Mi trabajo, para resumirlo en un adjetivo, era monótono, nada diferente a cualquier lugar de trabajo del mundo. Compañeros agradables y un jefe simpático. Yo tenía 20 años, la casa de cambio era mi primer trabajo y llevaba allí escasamente 1 mes, donde a diario no pasaba más que alguna que otra anécdota graciosa o curiosa con algún cliente que llegaba.

La época de vacaciones empezaba y por ende nuestros turnos empezaban a ser rotativos, todos mis compañeros (que llevaban más tiempo allí que yo), entraban por dos semanas a vacaciones y yo les debía cubrir el puesto, tarea que realicé durante 1 mes; una vez todos cumplieron sus períodos de vacaciones, llegó el turno de Jose, mi jefe inmediato y administrador de la casa de cambio, recuerdo que me estresé cuando supe que llegaría un nuevo administrador, lo primero que pensé fue: me imagino que será muy estricto y llegará con ínfulas de dueño... Estaba bastante a la expectativa de quién sería este nuevo personaje, Jose era un jefe joven y amigable, hablábamos mucho y nos llevábamos demasiado bien, por tanto el ambiente de trabajo era excelente, pero ¿y este nuevo? ¿cómo será?

Con mucha curiosidad por conocerle, llegó el día en que esta nueva persona trabajaría con nosotros, su nombre: Arturo. Mi primera impresión es que era un hombre relativamente joven que rondaba los 25-28 años, alto, moreno y muy atractivo. Cuando llegó a la oficina en la que nos conoceríamos, actúo como todo un novato, no conocía nada y le tuve que explicar algunas cosas; realizamos la apertura de la oficina (en la cual estábamos a diario únicamente el administrador y el operador) y él entró a su oficina privada... Yo, realizando el primer conteo del día y organizando un poco mi escritorio, empecé a recibir a todos los clientes y continuar una rutina.

Aproximadamente 2 horas después, mientras estaba la calle sola y no habían ingresado personas desde hacía muchos minutos, Arturo salió de su oficina preguntando sobre las ventas cotidianas y el movimiento de clientes en esta oficina; por supuesto, una conversación totalmente formal, a la que no le tomé nada de importancia... Al ver el poco movimiento de clientes, se quedó hablando conmigo vagamente y a decir verdad, no me di cuenta en qué momento la conversación cambió a nosotros, en menos de 10 minutos de haber empezado a hablar, Arturo me estaba preguntando sobre mi vida, dónde vivía, cuántos años tenía y allí, entre preguntas y respuestas, lo miré bien a los ojos... Observé algo que 2 horas antes cuando nos conocimos no lo había notado, miré sus labios, miré su sonrisa, su mirada y no hubo vuelta atrás... Recuerdo ese preciso momento mientras hablábamos y lo noté, mis labios se echaron hacia un costado con la más pura sensación de "ya caí...", a partir de ese punto de la conversación, no lo pude mirar más con ojos de jefe, de hecho, no lo pude escuchar más viendo sus labios rojos y levemente humedecidos, fue algo tan inmediato que ese mismo día, durante el ajetreo diario (él saliendo y entrando de la oficina), sólo podía imaginarme estando cerca de él, besándolo... quise cohibir todas esas sensaciones pero ¿cómo podía? ya había caído, no iba a ser tan fácil salirme.

2 Comments:

Blogger Dulce said...

Relatas muy bien, con detalle que es importante para que la lectura sea amena e ir recreando lo leído. Algo que no muchos tienen de quienes publican por los blogs.

Un beso dulce.

18 de septiembre de 2016, 18:06  
Blogger Pecados en carne said...

Me gusta como escribes... espero que sigas haciéndolo porque sino sería un desperdicio de arte.

Besos.

28 de febrero de 2017, 0:17  

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