Relatos de buró

Como todos los seres humanos, me uní a un amante bien parecido que llenó de gracia mis propios espacios en blanco, dejando partes de mi voluntad en suspiros y abrazos... ¿En qué momento llegan a adquirir dos amantes la más completa posesión de sí mismos, sino en aquel en que se proclaman perdidos el uno en el otro?

jueves, 12 de marzo de 2015

Historia de una principiante. Pt 1.

Ojos redondos, mirada pérdida,  mente soñadora, clavada en un pensamiento mientras toma un mojito en alguna ciudad turística, de alguna parte del mundo.

Era el año 2013, llegaban y llegaban extranjeros, algunos con intereses específicos, otros a fantasear con las mujeres del lugar. Ella era una de esas mujeres, pero su punto aquel día era sólo perderse en la música y las historias de aquel bar, nada más. No contaba con encontrar a nadie conocido en ese recóndito y oscuro lugar. En la mitad de su mojito se le acerca una mirada azul, cara poco decente, con intensiones claras, era de otro mundo. En su poco español, ella en su poco inglés comenzaron a conversar. (¿cómo se me había ocurrido hablarle a un total desconocido, que sólo quería una aventura en la ciudad?) Esa y otras preguntas fueron las que no quise pasaran por mi cabeza. Así de pérdida estaba, no de rumbo, pero sí de caprichos. Sin dudarlo muchas veces, le seguí la corriente, nuestra conversación pertenecía más a alguna rama de la química que a alguna del lenguaje. Las limitaciones idiomáticas no existían.

Alguien interesante, sólo sé que se llamaba Jake y era de Estados Unidos, no tuvimos tiempo para hablar mucho sobre nosotros, sólo del eterno presente que nos sucumbía por todos los instantes y desde todas las esquinas de aquel bar. Yo, una inocente principiante, le quería seguir la corriente, perder el miedo, y jugar el juego que le pretendía reconocer. ¿cuando nos veremos de nuevo? me preguntó dos horas después de haber terminado mi primer mojito... Minutos después de haber terminado mi tercero. -Cuándo propones...

Habían pasado dos días, el primer día le recordé; era difícil no recordar su cara anglosajona llegando a perfecta, su mirada misteriosa que sentía que escondía algo más que perversión y su acento ridículo español. "No llamará" pensé a final del día. El día segundo no lo pensé ni un sólo momento, siempre fui buena olvidando cosas tan mínimas, pero el jueves, a las 5:13p.m, llamó un número no registrado en mi celular.

-"Aló? ¿con quién hablo?.
- "Es Jake, ¿me recuerdas? ¿Cómo estás?

No lo voy a negar, esperé esa llamada, creía que mis ganas habían crecido más que las de él, quería vivir lo que me proponían sus ojos que pronunciaron más cosas coherentes que su boca. El día siguiente, viernes, era nuestra primera salida. No sabía a qué atenerme, o sí sabía... Sólo nos íbamos a encontrar y conocernos más en un restaurante, lo de después no quería que fuese planeado.

Por supuesto, la lucha para encontrar con qué vestirme ese día fue eterna. Si vestía formal sería indicarle que estoy muy interesada en encontrarme con él, si voy casual, pensará lo contrario. Y obviamente, nunca me ha gustado ser predecible, así que me puse unos jeans, una blusa, zapatos y así salí, como si fuese un día normal para mí.

El no fue nada formal, una camiseta y unos jeans muy desinteresados, parece, nos hubiésemos puesto de acuerdo para vestirnos. Siguiendo mi deducciones, era una buena señal. Quise que me esperara 5 minutos, así que llegué a las 07:05pm a aquel restaurante de comida cubana y música de ambiente de dicho país que perfectamente combinaba su aspecto bohemio; él escogió el lugar, lo quise así para conocerlo más, y también porque yo lo hubiese pensado mucho. A veces los turistas terminan conociendo más que los locales.

Más o menos a las 10 y media terminamos de hablar, la comida, no me acordé cómo estuvo... Nos quedamos a ver de nuevo, yo pensé que ese día pasaría algo, pensé que él sería más lanzado y punto, pero se estaba haciendo esperar mucho. ¿Será menos perverso de lo que pensé?

Nos vimos dos veces más: en la primera caminamos por toda la playa, él me contó mejor qué hacía en Estados Unidos, entre muchas otras cosas, y me dijo dónde se estaba hospedando aquí. En la segunda me preguntó si quería ir a conocer el hotel...

El día del restaurante le conté mi escaso historial de hojas amorosas, escasamente 2 infelices con los que nunca formalicé nada sumado a mi poco interés o mi alta exigencia, ni yo sé. A él pareció gustarle la idea, igual era ya algunos años mayor que yo, y muchos hombres quisieran tener ese privilegio. Hasta quizá por eso no me propuso nada el mismo día del restaurante.

Entramos al hotel y nos besamos más o menos por 10 minutos, allí le noté la experiencia y el lado perverso que había identificado desde el primer día. Luego, empezó a quitarme la ropa, mientras me tocaba mis partes íntimas que se retorcían del placer al sentir sus manos explorar todo mi cuerpo. No quise que ningún factor me impidiera vivir el momento, así que sólo cerré los ojos y dejé que pasara... que todo pasara...

Una experiencia que no pretendo ni quiero olvidar, siempre pensé una primera vez al lado de mi novio de mucho tiempo, del amor de vida ¡qué melosa era! Nunca pensé que fuera mejor que ese sueño de todas las mujeres. Mi inexperiencia sumado a su experiencia dieron un resultado fantasioso, allí pude palpar que menos y más no siempre da menos.

El maravilloso día pasó, yo llegué a mi casa actuando de lo más normal, no tenía a nadie quien contárselo. Ya había entablado la posible conversación con Sofía si se lo decía "¿Estás loca? ¡¿Por qué en la vida se te ocurrió hacer eso?!" Y otras palabras más fuertes, igual con los demás. Si sabía que Sofía me juzgaría, ¿por qué contárselo a mis demás amigos? Así que decidí guardarme ese secreto, solo para mí y para mí cuerpo, eramos los únicos dos que sabíamos, nadie más. Estaba convencida que no iba a volver a llamar, sabía perfectamente lo que había hecho, no era un momento para tratar de perpetuar toda la vida. Esa noche para nosotros dos pasó y fue, había terminado allí. Eso era lo que pensaba.

Pero después de ese 9 de noviembre, mi vida había tornado impredecible, tanto así, que mis super-poderes de intuición femenina estaban poco a poco desvaneciendo, porque tres días después me llamó y pidió encontrarnos de nuevo. Yo quedé con tantas ganas de la primera vez que no lo dudé, y nos encontramos de nuevo en su hotel. Allí cerramos la puerta y abrimos la magia, una hora que quise haber alargado a días y una sensación única. ¿Lo que siento será por él? O porque era todo esto lo que me estaba perdiendo?

El 15 de noviembre ya nos habíamos cuatro veces exitosas, aprendía con él inglés, datos sobre los lugares que había conocido y posiciones, infinitas posiciones: de reina del mundo, intronable, todo lo imaginable e inimaginable. Tan bien me sentía que Sofía lo empezó a notar, mi felicidad extraña, silenciosa, que sólo se notaba en mi mirada, ya esta tenía un rumbo, o quizá, el recuerdo de una travesura... Bien, con Jake  me sentí en el cielo, no sólo sexualmente hablando, después de nuestras largas secciones de descubrimiento corporal, llegaban las espirituales, por muy aburrido que suene. Después del sexo -considerablemente después- hablábamos y nos conocíamos más, él me contaba, por mucho que yo no haya querido desde un principio, de su pasado, de por qué decidió visitar el país, de todo lo que hizo en los demás países. Da algo de incomodidad, confieso, escuchar todas las travesías de un hombre tan recorrido, y recorredor con el cual acababa de hacer el amor. Pero qué podía hacer, yo sabía muy bien en qué me había metido...

Formamos lazos increíbles, caminábamos de la mano y al mirarnos la química era palpable, hablábamos y él se entretenía escuchándome mis comentarios críticos, con tendencias a la izquierda, de sábanas para abajo era otro lenguaje, no podría decir cuál de los dos me gustaba más. Yo me deleitaba escuchándolo hablar sobre todo su pasado. Nuestra supuesta relación estaba ya tomando otro rumbo, después del presente en el que sin decirlo, prometimos estar, estábamos sumando el pasado, información más explícita sobre nosotros. Lo confieso, lo empecé a sentir...

Era 30 de noviembre y yo no podía creer cuán rápido había pasado el tiempo, nunca lo hablamos bien, pero recuerdo que en alguna de nuestras conversaciones lo dijo: se va el 05 de diciembre... No quería admitirlo ni pensar en ello, pero ya el tiempo lo estaba convirtiendo en realidad; se iba a ir y podría no volver a verlo nunca jamás, al menos eso era lo que en un principio habíamos planeado.

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