Relatos de buró

Como todos los seres humanos, me uní a un amante bien parecido que llenó de gracia mis propios espacios en blanco, dejando partes de mi voluntad en suspiros y abrazos... ¿En qué momento llegan a adquirir dos amantes la más completa posesión de sí mismos, sino en aquel en que se proclaman perdidos el uno en el otro?

martes, 13 de septiembre de 2016

Love Bites.


¿Recuerdan a Jake? ¿Mi primer amor, mi primera vez, mi primer todo?
Bueno, quise crear una entrada para narrar uno de esos tantos momentos con él, demoramos mucho tiempo juntos, así que tengo infinidades de historias para contar, pero esta no la enfocaré desde el lado romántico, sino desde el lado puramente sexual.

Jake era un ex-marine estadounidense, físicamente era muy blanco, tenía una cara perfecta, boca rosada, ojos azules, mirada misteriosa y perversa, con buena masa corporal y musculoso, tenía el cabello rubio y como decía mi amiga, "físicamente, un gringo average de 26 años". Sexualmente era muy intenso, tenía amplia experiencia con mujeres, así que sabía lo que hacía. No podría contar ni solo un encuentro sexual en el que no me haya venido desde lo más profundo con Jake, una pareja envidiable... ¡Ah! ¿Les conté el gran tamaño de su miembro? Un enorme pene rosado que me tenía obsesionada y que jamás lo dejé de sentir a tope en cada penetración, era enorme...

Llevábamos 4 meses, 4 meses que se resumirían en sexo y mucho romanticismo, era una relación basada en el lenguaje corporal, nos atraíamos fuertemente y de manera inevitable, nos enamorábamos más cada vez que nos besábamos. Jake vivía en Estados Unidos, pero siempre hacía lo imposible para venir a visitarme, aun y cuando esos viajes le acarreaban en gastos económicos muy altos... nos dejábamos de ver por varias semanas, así que cuando por fin nos reencontrábamos, nuestro deseo sexual y las ganas de comernos estaban en llamas. Ese día de su viaje a mi país lo esperé pacientemente en el aeropuerto, llegaría a las 7 de la noche y con el proceso de migración y aduanas, no lo vi salir por la puerta de llegadas internacionales sino hasta las 8pm, allí, salí corriendo a sus brazos, mientras él me esperaba con una gran sonrisa y con los brazos abiertos, lo abracé con todo mi amor y nos besamos como si llevásemos años sin vernos, ni siquiera nos importó que había decenas de personas a nuestro alrededor, nos comimos las bocas.

De allí, fuimos en mi carro al apartamento frente al mar que habíamos alquilado con antelación, y que era el predilecto para nuestros encuentros, mientras íbamos camino hacia el apto, Jake me contaba las ganas que tenía de mí, lo mucho que me había extrañado y lo feliz que estaba de volver a verme, mientras tanto, sus grandes manos me agarraban fuertemente las piernas y se deslizaban llegando hasta mi intimidad y bajando nuevamente hasta mis rodillas, cada que había un semáforo en rojo nos besábamos apasionadamente como dos recién enamorados.

Cuando llegamos al apartamento, los dos estábamos muy excitados, Jake tiró las maletas por cualquier lado y por fin me cargó, entre besos, lametones y sonrisas por la emoción de vernos, le fui quitando su camiseta blanca en cuello de V, que siempre se colocaba porque sabía que era mi favorita, él me bajó y me quitó el jean de una manera bastante rápida, yo también bajé los suyos y saqué mi caramelo favorito, su verga rosada de 19cm de la cual estaba obsesionada... Empecé a chuparla como si no hubiese comido en semanas, apenas la metí en mi boca él gimió del placer y me llevó a la habitación donde se sentó en el borde de la cama, yo fui, me arrodillé y seguí comiendo mi manjar, la lamía con todas las ganas y escuchar sus gemidos me calentaba a mil, lo miraba a los ojos y veía en su cara sus esfuerzos para no excitarse de sobremanera, él sufría del placer mientras yo le saboreaba las bolas y recorría toda su verga con mi lengua, sin dejar escapar ni un milímetro, llegaba a su punta y la chupaba como a una golosina, sabía deliciosa y había extrañado ese pene que tan loca me tenía.

Pasados algunos minutos, él rojo y agitado por el masaje oral que le estaba dando, me levanta por los brazos y me acuesta en la cama, allí se sube encima mío y comienza nuevamente a besarme la boca, el cuello y mis senos que tanto amaba, podía demorar horas besándolos... Luego bajó hasta mi parte más íntima que chorreaba y tenía contracciones involuntarias de placer, me quitó mis panties, abrazó mis piernas con fuerza, abrió la boca ampliamente y besó mi clitoris con toda pasión, apenas sentí su lengua en mi vagina, grité de placer y me retorcí intentando voltearme, él me agarraba fuerte las piernas para poder continuar comiendo mi vagina sin interrupciones, su lengua la bajaba y la subía junto con deliciosos chupeteos y yo me movía fervorosamente, gritaba, agarraba las almohadas y a su cabello, trataba de safarme pero él me agarraba con más fuerza y succionaba mi clítoris, en esas demoramos varios minutos hasta que tuve la corrida más maravillosa, me dejó la vagina roja de tanto chupármela y mi entrepierna echa un río por el exceso de lubricación que me había provocado, mientras yo me movía aún producto del orgasmo y por lo rico que me la había mamado, él se acostaba encima mío dándome unos besos románticos, los besos que sólo Jake me sabía dar, que me hacían querer más y me convertían en insaciable... Él baja nuevamente a darle unos besos suaves a mi vagina e inmediatamente yo me coloco en 4 esperando que me metiera todo su pene; él me voltea, dejándome otra vez boca arriba, me abre las piernas con sus dos manos grandes y me dice que viera cómo me iba a meter su verga...

A Jake le encantaba hacerme sufrir cuando me veía tan excitada, él me calentaba demasiado, me veía retorcerme, se reía y rozaba mi vagina con su pene para que me excitara más al punto que le tuviera que rogar que me lo metiera, yo agarraba su pene para metérmelo y él me apartaba las manos, haciéndome desear más ese momento de la penetración, era una mezcla de deseo e impaciencia, él conocía todos mis gustos y mis puntos débiles y los utilizaba a mi favor para hacerme gozar cada segundo.

En la posición de misionero y yo con el torso levemente levantado para tener la mejor vista, vi sus intentos de penetrar su enorme verga en mi estrecha vagina, la primera vez fallida en la que su pene se deslizó hasta mi clitoris y la segunda vez en la que por fin ingresó la punta, mi reacción en ese momento fue un gran suspiro sordo de placer que me hizo alzar la cabeza hacia el techo y cerrar los ojos, él se arrecostó hacia mí e hicimos el amor de la manera más intensa, en cada penetración metía más y más fuerte su pene, yo lo sentía tanto que parecía que fuese a salir por mi boca, lo abracé con mis piernas y dejé que él me cogiera al ritmo que quisiese, mi vagina y todo mi cuerpo pertenecía a él, él se deleitaba chupándome los senos y estirándome los brazos con los suyos, mientras entrelazaba nuestras manos; mis piernas lo abrazaban y se estiraban del placer que me provocaba con su pene y nuestros gemidos eran simultáneos a cada entrada y salida de su miembro.

Me la metió toda hasta que no cupiera más, cuando estaba a tope la dejaba allí un tiempo moviendo sus caderas de manera intensa, no me dejaba respirar, me sentía impotente, me sentía saturada, gritaba fuertemente de la dicha y le halaba su cabello, me entraba esa disyuntiva del placer: quería que me la sacara, pero a la vez que la dejara allí por más tiempo, el impulso de mis manos era empujar su cadera hacia afuera, diciéndole que no podía más... y cuando la sacaba, que por fin respiraba de nuevo, yo misma abría más las piernas para que la metiera hasta el fondo de mi vagina nuevamente, esa repetición me trajo otro orgasmo junto al suyo, de esos en los que sientes que estás sólo tú y él en el mundo y no te importa si otras personas pueden escucharte; de esos que te hacen morder la almohada y arañarle la espalda, que te encurvan y te sacan una que otra lágrima de placer, mientras tiemblas... mi corazón palpitaba a mil, mi vagina era un dilema de sensaciones, mi boca gemía entrecortadamente y mis ojos solo se cerraban a disfrutar al máximo... Entretanto él me besaba suavemente el cuello para que me relajara y pasáramos a un plano más romántico, donde nos abrazamos y nos amamos de manera interminable...

Nos sentíamos infinitos en ese momento con nuestras pieles unidas y agitadas por aquella hazaña sexual. No es fácil recuperarse de un orgasmo de esos, allí nos encontrábamos los dos acariciándonos entre besos y pensando lo afortunados que éramos por tenernos, nuestra especialidad era hacer varias rondas, donde combinábamos instintivamente romance y sexo. Jake estaba exhausto, eran casi 2 meses sin vernos y habíamos prometido no darnos mucho placer individualmente mientras estábamos lejos para precisamente eso: para al vernos, comernos con todas las ganas; pero ambos queríamos más, queríamos continuar... así que después de descansar y hablar por unos cuantos minutos sobre todo, aparté sus manos que me abrazaban, me subí encima de él, quien sacó una sonrisa perversa y le dije "baby, I'm craving your dick again", él se rió diciéndome "you can't get enough of my dick, huh?" y así empezamos nuestra segunda travesía, esta vez, con un ritmo mucho más caliente...

Estando encima nos besamos y empezamos a mover muy eróticamente nuestros cuerpos, yo bajé, me recogí el cabello y empecé a chupar mi caramelo, que estaba algo sensible por la tanda anterior y tenía todo el sabor salado del semen que me había expulsado hacía unos minutos en mis adentros, Jake gemía y mientras agarraba mi cabeza, empujaba su pene hasta mi garganta, me ahogaba y tenía que sacármela para respirar un rato y después continuar con la mamada. Mirarlo era excitarme, me excitaba estar comiendo ese pene tan rico, me excitaba su cara de gozo y perversión que aprobaba el oral que le estaba haciendo, me excitaba él, sus ojos, su cuerpo, su ser, la intimidad que compartíamos y el lenguaje de nuestra pasión.

Mientras seguía chupando su delicioso pene, sentí cómo llegó a su punto más duro y Jake comenzaba a poner las piernas más rígidas; se levantó de la cama, me puso de rodillas, me agarró con fuerza el cabello en forma de pony-tail y me metió su verga con salvajismo intentando penetrarme toda la boca, gimiendo él fuertemente. Yo lo tuve que sacar empujando sus caderas con mis manos porque me ahogaba, tosí muy fuerte, él me agarró de nuevo y repitió la hazaña, ahogándome nuevamente y tuviendo yo que sacar su verga para poder respirar... Él claramente un poco más que excitado, me levantó, me puso en 4 en la cama con la espalda agachada, se subió con los pies a la cama quedando de pie y me montó, sentándose en mi culo, me metió la verga a mi vagina en seco y profundamente, de un sólo golpe. En ese momento sentí que me había partido en dos y pegué un gran grito, lo trataba de apartar con las manos, pero él me las agarraba, sacó su pene y me volvió a penetrar con vehemencia, lo único que yo podía gritar era "fuckk fuckkkk" con una voz desgarrada, me quería safar pero sus fuertes manos no me dejaban; me cogía más y más rápido, sentí desmayarme, el dolor era inmenso, pero no tanto como el placer que me provocaba.

Luego se bajó de mí, me alzó por el cabello, dejándome plenamente en 4 y me siguió cogiendo con un ritmo salvaje, el sonido de sus bolas y sus piernas pegándome con fuerza me hacía chorrear, mi vagina tenía contracciones y atrapaba su verga producto de ellas, él gemía con un tono vigoroso, y yo gritaba tanto de placer como dolor por estar recibiendo esos 19 centímetros de verga, en un momento dejé de sentir mis manos y mis piernas y de repente percibí lo más parecido a una explosión de mi vagina, sentí algo que bajaba y me volvía loca mientras Jake me metía brutalmente su verga, con fuerza lo empujo y hago que saque su pene, mientras yo pegaba un grito desesperado, fue allí cuando salió toda esa excitación en forma de chorros de flujo, mis piernas temblaban tanto que él se asustó, de mis ojos empezaron a bajar lágrimas y me retorcía entre gemidos en la cama, "Oh my godd, oh goshhhh", él me intentó abrazar y lo aparté rápidamente, no sabía qué quería en ese momento, mi cuerpo no se hallaba con mi alma, mi sexo estaba arrechísimo, me toqué la vagina esperando calmarme y así fue que poco a poco, entre gemidos, me fui relajando, bajando mi intensidad al respirar.

Jake al verme tener ese orgasmo se calentó demasiado y me dijo que se iba a venir, que abriera mi boca... yo no tenía nada de fuerzas, estaba sin aliento, pero logré levantarme, le di una chupada a su glande (quería hacerlo después de eso de dioses que me había hecho vivir), él me agarró el cabello y entre un prolongado y ruidoso gemido que sacó, me chorreó su leche en toda mi boca... apenas terminó de darme mi baño de semen, cerré la boca y me la tragué completa, saboreándola; lo poco de leche que se me había salido la tomé con el dedo y la lamí como un delicioso postre. Jake se acostó en la cama con brazos y piernas abiertas y con una expresión de cansancio desmedido, yo también estaba extenuada, me tiré a la cama y di un gran suspiro de alivio...

"you drive me crazy, babe", nos dijimos entre abrazos... Y así quedamos los dos, vueltos nada a altas horas de la noche, con mi vagina adolorida y su verga roja de tanta fricción, riéndonos por la cogida tan rica que nos acabábamos de dar, débiles del placer y listos para tomarnos un merecido descanso después del salvaje y mojado espectáculo...

Así, en palabras muy resumidas, eran nuestros días, Jake es una persona que jamás podré olvidar, me hacía tocar el cielo cuando me hacía el amor y cuando me cogía, como este fueron muchos, muchos squirts los que me provocó, me pervirtió totalmente en el sexo... el disfrute era mutuo, nos veníamos muy rápido porque estábamos locos por el otro y nos complementábamos en todo. Solo nosotros dos somos testigos de todas esas noches de gritos y placer indefinido que nos hacíamos dar. Éramos expertos en amarnos y en provocarnos deleite: las mejores noches las pasé junto a Jake, adentro de él...

lunes, 12 de septiembre de 2016

Orgasmos de oficina (Parte I)

Mi trabajo, para resumirlo en un adjetivo, era monótono, nada diferente a cualquier lugar de trabajo del mundo. Compañeros agradables y un jefe simpático. Yo tenía 20 años, la casa de cambio era mi primer trabajo y llevaba allí escasamente 1 mes, donde a diario no pasaba más que alguna que otra anécdota graciosa o curiosa con algún cliente que llegaba.

La época de vacaciones empezaba y por ende nuestros turnos empezaban a ser rotativos, todos mis compañeros (que llevaban más tiempo allí que yo), entraban por dos semanas a vacaciones y yo les debía cubrir el puesto, tarea que realicé durante 1 mes; una vez todos cumplieron sus períodos de vacaciones, llegó el turno de Jose, mi jefe inmediato y administrador de la casa de cambio, recuerdo que me estresé cuando supe que llegaría un nuevo administrador, lo primero que pensé fue: me imagino que será muy estricto y llegará con ínfulas de dueño... Estaba bastante a la expectativa de quién sería este nuevo personaje, Jose era un jefe joven y amigable, hablábamos mucho y nos llevábamos demasiado bien, por tanto el ambiente de trabajo era excelente, pero ¿y este nuevo? ¿cómo será?

Con mucha curiosidad por conocerle, llegó el día en que esta nueva persona trabajaría con nosotros, su nombre: Arturo. Mi primera impresión es que era un hombre relativamente joven que rondaba los 25-28 años, alto, moreno y muy atractivo. Cuando llegó a la oficina en la que nos conoceríamos, actúo como todo un novato, no conocía nada y le tuve que explicar algunas cosas; realizamos la apertura de la oficina (en la cual estábamos a diario únicamente el administrador y el operador) y él entró a su oficina privada... Yo, realizando el primer conteo del día y organizando un poco mi escritorio, empecé a recibir a todos los clientes y continuar una rutina.

Aproximadamente 2 horas después, mientras estaba la calle sola y no habían ingresado personas desde hacía muchos minutos, Arturo salió de su oficina preguntando sobre las ventas cotidianas y el movimiento de clientes en esta oficina; por supuesto, una conversación totalmente formal, a la que no le tomé nada de importancia... Al ver el poco movimiento de clientes, se quedó hablando conmigo vagamente y a decir verdad, no me di cuenta en qué momento la conversación cambió a nosotros, en menos de 10 minutos de haber empezado a hablar, Arturo me estaba preguntando sobre mi vida, dónde vivía, cuántos años tenía y allí, entre preguntas y respuestas, lo miré bien a los ojos... Observé algo que 2 horas antes cuando nos conocimos no lo había notado, miré sus labios, miré su sonrisa, su mirada y no hubo vuelta atrás... Recuerdo ese preciso momento mientras hablábamos y lo noté, mis labios se echaron hacia un costado con la más pura sensación de "ya caí...", a partir de ese punto de la conversación, no lo pude mirar más con ojos de jefe, de hecho, no lo pude escuchar más viendo sus labios rojos y levemente humedecidos, fue algo tan inmediato que ese mismo día, durante el ajetreo diario (él saliendo y entrando de la oficina), sólo podía imaginarme estando cerca de él, besándolo... quise cohibir todas esas sensaciones pero ¿cómo podía? ya había caído, no iba a ser tan fácil salirme.

jueves, 12 de marzo de 2015

Historia de una principiante. Pt 1.

Ojos redondos, mirada pérdida,  mente soñadora, clavada en un pensamiento mientras toma un mojito en alguna ciudad turística, de alguna parte del mundo.

Era el año 2013, llegaban y llegaban extranjeros, algunos con intereses específicos, otros a fantasear con las mujeres del lugar. Ella era una de esas mujeres, pero su punto aquel día era sólo perderse en la música y las historias de aquel bar, nada más. No contaba con encontrar a nadie conocido en ese recóndito y oscuro lugar. En la mitad de su mojito se le acerca una mirada azul, cara poco decente, con intensiones claras, era de otro mundo. En su poco español, ella en su poco inglés comenzaron a conversar. (¿cómo se me había ocurrido hablarle a un total desconocido, que sólo quería una aventura en la ciudad?) Esa y otras preguntas fueron las que no quise pasaran por mi cabeza. Así de pérdida estaba, no de rumbo, pero sí de caprichos. Sin dudarlo muchas veces, le seguí la corriente, nuestra conversación pertenecía más a alguna rama de la química que a alguna del lenguaje. Las limitaciones idiomáticas no existían.

Alguien interesante, sólo sé que se llamaba Jake y era de Estados Unidos, no tuvimos tiempo para hablar mucho sobre nosotros, sólo del eterno presente que nos sucumbía por todos los instantes y desde todas las esquinas de aquel bar. Yo, una inocente principiante, le quería seguir la corriente, perder el miedo, y jugar el juego que le pretendía reconocer. ¿cuando nos veremos de nuevo? me preguntó dos horas después de haber terminado mi primer mojito... Minutos después de haber terminado mi tercero. -Cuándo propones...

Habían pasado dos días, el primer día le recordé; era difícil no recordar su cara anglosajona llegando a perfecta, su mirada misteriosa que sentía que escondía algo más que perversión y su acento ridículo español. "No llamará" pensé a final del día. El día segundo no lo pensé ni un sólo momento, siempre fui buena olvidando cosas tan mínimas, pero el jueves, a las 5:13p.m, llamó un número no registrado en mi celular.

-"Aló? ¿con quién hablo?.
- "Es Jake, ¿me recuerdas? ¿Cómo estás?

No lo voy a negar, esperé esa llamada, creía que mis ganas habían crecido más que las de él, quería vivir lo que me proponían sus ojos que pronunciaron más cosas coherentes que su boca. El día siguiente, viernes, era nuestra primera salida. No sabía a qué atenerme, o sí sabía... Sólo nos íbamos a encontrar y conocernos más en un restaurante, lo de después no quería que fuese planeado.

Por supuesto, la lucha para encontrar con qué vestirme ese día fue eterna. Si vestía formal sería indicarle que estoy muy interesada en encontrarme con él, si voy casual, pensará lo contrario. Y obviamente, nunca me ha gustado ser predecible, así que me puse unos jeans, una blusa, zapatos y así salí, como si fuese un día normal para mí.

El no fue nada formal, una camiseta y unos jeans muy desinteresados, parece, nos hubiésemos puesto de acuerdo para vestirnos. Siguiendo mi deducciones, era una buena señal. Quise que me esperara 5 minutos, así que llegué a las 07:05pm a aquel restaurante de comida cubana y música de ambiente de dicho país que perfectamente combinaba su aspecto bohemio; él escogió el lugar, lo quise así para conocerlo más, y también porque yo lo hubiese pensado mucho. A veces los turistas terminan conociendo más que los locales.

Más o menos a las 10 y media terminamos de hablar, la comida, no me acordé cómo estuvo... Nos quedamos a ver de nuevo, yo pensé que ese día pasaría algo, pensé que él sería más lanzado y punto, pero se estaba haciendo esperar mucho. ¿Será menos perverso de lo que pensé?

Nos vimos dos veces más: en la primera caminamos por toda la playa, él me contó mejor qué hacía en Estados Unidos, entre muchas otras cosas, y me dijo dónde se estaba hospedando aquí. En la segunda me preguntó si quería ir a conocer el hotel...

El día del restaurante le conté mi escaso historial de hojas amorosas, escasamente 2 infelices con los que nunca formalicé nada sumado a mi poco interés o mi alta exigencia, ni yo sé. A él pareció gustarle la idea, igual era ya algunos años mayor que yo, y muchos hombres quisieran tener ese privilegio. Hasta quizá por eso no me propuso nada el mismo día del restaurante.

Entramos al hotel y nos besamos más o menos por 10 minutos, allí le noté la experiencia y el lado perverso que había identificado desde el primer día. Luego, empezó a quitarme la ropa, mientras me tocaba mis partes íntimas que se retorcían del placer al sentir sus manos explorar todo mi cuerpo. No quise que ningún factor me impidiera vivir el momento, así que sólo cerré los ojos y dejé que pasara... que todo pasara...

Una experiencia que no pretendo ni quiero olvidar, siempre pensé una primera vez al lado de mi novio de mucho tiempo, del amor de vida ¡qué melosa era! Nunca pensé que fuera mejor que ese sueño de todas las mujeres. Mi inexperiencia sumado a su experiencia dieron un resultado fantasioso, allí pude palpar que menos y más no siempre da menos.

El maravilloso día pasó, yo llegué a mi casa actuando de lo más normal, no tenía a nadie quien contárselo. Ya había entablado la posible conversación con Sofía si se lo decía "¿Estás loca? ¡¿Por qué en la vida se te ocurrió hacer eso?!" Y otras palabras más fuertes, igual con los demás. Si sabía que Sofía me juzgaría, ¿por qué contárselo a mis demás amigos? Así que decidí guardarme ese secreto, solo para mí y para mí cuerpo, eramos los únicos dos que sabíamos, nadie más. Estaba convencida que no iba a volver a llamar, sabía perfectamente lo que había hecho, no era un momento para tratar de perpetuar toda la vida. Esa noche para nosotros dos pasó y fue, había terminado allí. Eso era lo que pensaba.

Pero después de ese 9 de noviembre, mi vida había tornado impredecible, tanto así, que mis super-poderes de intuición femenina estaban poco a poco desvaneciendo, porque tres días después me llamó y pidió encontrarnos de nuevo. Yo quedé con tantas ganas de la primera vez que no lo dudé, y nos encontramos de nuevo en su hotel. Allí cerramos la puerta y abrimos la magia, una hora que quise haber alargado a días y una sensación única. ¿Lo que siento será por él? O porque era todo esto lo que me estaba perdiendo?

El 15 de noviembre ya nos habíamos cuatro veces exitosas, aprendía con él inglés, datos sobre los lugares que había conocido y posiciones, infinitas posiciones: de reina del mundo, intronable, todo lo imaginable e inimaginable. Tan bien me sentía que Sofía lo empezó a notar, mi felicidad extraña, silenciosa, que sólo se notaba en mi mirada, ya esta tenía un rumbo, o quizá, el recuerdo de una travesura... Bien, con Jake  me sentí en el cielo, no sólo sexualmente hablando, después de nuestras largas secciones de descubrimiento corporal, llegaban las espirituales, por muy aburrido que suene. Después del sexo -considerablemente después- hablábamos y nos conocíamos más, él me contaba, por mucho que yo no haya querido desde un principio, de su pasado, de por qué decidió visitar el país, de todo lo que hizo en los demás países. Da algo de incomodidad, confieso, escuchar todas las travesías de un hombre tan recorrido, y recorredor con el cual acababa de hacer el amor. Pero qué podía hacer, yo sabía muy bien en qué me había metido...

Formamos lazos increíbles, caminábamos de la mano y al mirarnos la química era palpable, hablábamos y él se entretenía escuchándome mis comentarios críticos, con tendencias a la izquierda, de sábanas para abajo era otro lenguaje, no podría decir cuál de los dos me gustaba más. Yo me deleitaba escuchándolo hablar sobre todo su pasado. Nuestra supuesta relación estaba ya tomando otro rumbo, después del presente en el que sin decirlo, prometimos estar, estábamos sumando el pasado, información más explícita sobre nosotros. Lo confieso, lo empecé a sentir...

Era 30 de noviembre y yo no podía creer cuán rápido había pasado el tiempo, nunca lo hablamos bien, pero recuerdo que en alguna de nuestras conversaciones lo dijo: se va el 05 de diciembre... No quería admitirlo ni pensar en ello, pero ya el tiempo lo estaba convirtiendo en realidad; se iba a ir y podría no volver a verlo nunca jamás, al menos eso era lo que en un principio habíamos planeado.

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lunes, 15 de diciembre de 2014

Lo utópico de la asimetría.

Arjona: mi trovador favorito. Autor de una parte de las letras que me llevaron a esta vida bohemia, de vendimia. Y quién diría que justo esa, mi preferida de él, fuera la cantilena de la cual discordara.

Quién diría que el mink y la mezcilla, podrían fundirse un día... Con 15 años, lo veía como un hecho verosímil. Recuerdo ese concierto en el que contó la historia de los dos polos opuestos, que sus fuerzas dispares jugaron en su contra, y al final, el destino los volvió a unir, como una ley del universo, como un suceso sugestivo. Y yo, sin estudios empíricos que me respaldaran, lo vi como otro sigilo más del maravilloso destino impredecible. 


Bueno, han sido 4 años desde la tarde que me dejé embelesar por esa canción, creyéndola ser una aseveración; y qué otro momento más preciso que ahora, el cual viene acompañado con la experiencia, para haberlo comprobado. Arjona estaba equivocado: el amor sí entiende de plusvalías. Son tan relevantes como el significado mismo de la palabra. Lo sé ahora de forma cabal. El agua más el aceite no son imposibles, en teoría, pero la unión es infalible de resultar lacónica, errónea, fallida.


Como tú y yo, tan similares superficialmente, pero distintos en sustancia. Engañados por esas características someras que nos unían, y desilusionados por lo inminente: la realidad. Si fuésemos iguales, quizá nos hubieramos encontrado mayor razón. La apatía llegó al ver que nos construímos sin basa, llegamos a armar el capitel, pero al mirar el apoyo, éste era inexistente. El amor sin simetría, se convierte en la más grande utopía.

domingo, 14 de diciembre de 2014

Historia de taxi.

Eran las diez de la noche piloteaba mi nave,
era mi taxi un wolkswagen del año 68.
Era un dia de esos malos donde no hubo pasaje,
las lentejuelas de un traje,
me hicieron la parada.

Era una rubia preciosa llevaba minifalda,
el escote en su espalda
llegaba justo a la gloria.
Una lagrima negra rodaba en su mejilla.
mientras que el retrovisor decia "¡ve qué pantorillas!"
yo vi un poco mas.

Eran las diez y cuarenta sigzagueaba en reforma.
me dijo "me llamo Norma", mientras cruzaba la pierna.
Saco un cigarro algo extraño de esos que te dan risa,
le ofreci fuego de prisa
me temblaba la mano.
Le pregunte "¿por quién llora?
y me dijo, "por un tipo, que se cree que por rico
puede venir a engañarme."

No caiga ud. por amores, debe de levantarse, le dije,
cuente con un servidor si lo que quiere es vengarse.
y me sonrió.

¿Qué es lo que hace un taxista seduciendo a la vida?
¿Qué es lo que hace un taxista construyendo una herida?
¿Que es lo que hace un taxista enfrente de una dama?
¿Que es lo que hace un taxista con sus sueños de cama?
Me pregunté...

"Lo vi abrazando y besando a una humilde muchacha,
es de clase muy sencilla, lo sé por su facha."
Me sonreía en el espejo y se sentaba de lado,
yo estaba idiotizado,
con el espejo empañado.

Me dijo "dobla en la esquina, iremos hasta mi casa.
despues de un par de tequilas, veremos que es lo que pasa."
Para qué describir lo que hicimos en la alfombra,
si basta con resumir que le besé hasta la sombra,
y un poco más...

"No se sienta ud. tan sola, sufro aunque no es lo mismo.
mi mujer y mi horario, han abierto un abismo."
"¡cómo se sufre a ambos lados de las clases sociales!"
"Ud. sufre en su mansión,
yo sufro en los arrabales."

Me dijo "vente conmigo, que sepa que no estoy sola."
se hizo en el pelo una cola,
fuimos al bar donde estaban.
Entramos precisamente él abrazaba a una chica.
mira si es grande el destino y ésta ciudad es chica.
¡era mi mujer!

Desde aquella noche ellos juegan a engañarnos,
se ven en el mismo bar...
Y la rubia, para el taxi, siempre a las diez
en el mismo lugar.

"En torno de una mesa de cantina,
una noche de invierno,
regocijadamente departían
seis alegres bohemios.

Los ecos de sus risas escapaban
y de aquel barrio quieto
iban a interrumpir el imponente
y profundo silencio.

El humo de olorosos cigarrillos
en espirales se elevaba al cielo,
simbolizando al resolverse en nada,
la vida de los sueños.

Pero en todos los labios había risas,
inspiración en todos los cerebros,
y, repartidas en la mesa, copas
pletóricas de ron, whisky o ajenjo.

Era curioso ver aquel conjunto,
aquel grupo bohemio,
del que brotaba la palabra chusca,
la que vierte veneno,
lo mismo que, melosa y delicada,
la música de un verso."

Guillermo Aguirre Fierro.
El Paso, Texas 1915